“En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero mientras más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la separación óptima”
Arthur Schopenhauer
Apenas asomaba el sol cuando se activó la alarma, y Javier aún medio dormido se apresuró a buscar el celular para apagarla. Cuando finalmente lo encontró justo debajo de la almohada, silenció el escándalo y le echo un vistazo a la hora; tenía cuatro mensajes nuevos y una llamada perdida, ni siquiera se tomó la molestia de revisarlos.
Después de casi una hora de viaje finalmente llego a su trabajo, se acomodó en su cubículo y escuchó el timbre de otro mensaje de texto, el cual se abstuvo de mirar. Optó por desconectarse del mundo sumergiendose en su monótono trabajo. El día finalizó sin pena ni gloria
Ya de vuelta en su apartamento, la ansiedad que siempre sentía al caer la noche. No resistió e inmediatamente saco el móvil del bolsillo para revisar los mensajes. Los leyó rápidamente y suspiró, justo como lo sospechaba todos eran de Tamara. Pensó en contestar, en al menos saludar, pero en ese momento pasó lo que venía pasando desde hace un par de semanas, en su interior se desataba una batalla campal entre su orgullo mal herido y sus aun intensos sentimientos hacia ella. Horas más tarde, miraba el techo sobre su cama
- Otra vez insomnio –dijo Javier para sí mismo y a continuación liberó el aire atrapado entre sus pulmones en un extraño cruce entre bostezo y suspiro.
El reloj marcaba casi las tres de la mañana, otro vistazo a su teléfono, dos mensajes más. Javier no sabía qué hacer.
***
Varias noches de escaso descanso empezaban a tener consecuencias, entre profundas ojeras y dolor de cabeza Javier intentó seguir durmiendo, al menos un par de horas, debía aprovechar el sábado. No lo logró.
- Quizás un café ayude –murmuró mientras con dificultad se salía de la cama y se dirigía a la pequeña área que había designado como cocina.
En cuanto el olor del café empezó a inundar la habitación sintió como si volviera a nacer, parecía que su mente apenas empezaba a trabajar. Revisó nuevamente su teléfono, esta vez no habían mensajes nuevos ni llamadas perdidas, fue entonces que se decidió a responder. Buscó el primer mensaje, aquel que decía: “Que es lo que pasa? :-(”, y de inmediato escribió “pasa de? :-O”.
- ¿A esto llegamos? a jugar al gato y al ratón –se preguntó a sí mismo.
Tomo otro sorbo de su taza aun humeante y luego suspiró, recordando que no siempre había sido así, como las cosas se salieron de control y ahora ambos se comportaban de manera poco racional.
Nuevamente el timbre, ella había contestado: “Que pasa con vos? Me tenés en completo abandono :-(”. Ya en ese momento no sabía ni que sentía, desilusión y tristeza, pero también algo de resentimiento. Pensó en apagar el móvil y regresar a la cama, tal vez escuchar música para sosegarse; no lo hizo, y después de un momento contestó: “Nada”

No hay comentarios:
Publicar un comentario