Te miro, oh! playa añorada
promesa de paz nunca hechay esperanza de amor ilusoria.
Te miro a lo lejos y lloro,
pues se que no podré explorar
tu naturaleza rebelde y calma a la vez,
ni podré abrigarme a la sombra de tu palma,
ni embriagarme con el aroma de tu brisa,
ni esculpir en tu falda areniscas formas de mujer.
Te miro y suspiro,
al ver al mar, insistente cual invasor
enviarte legiones, una tras otra y tras otra,
olas que cual soldados efímeros
asaltan tu voluntad, y al tiempo,
sitiada, cambiarán tu geografía.
Te miro; te miro y sin reaccionar
el viento me arrastra lejos,
lejos de ti, mi playa adorada,
de la ilusión que no fue,
del paisaje que he de admirar lejano
y luego tendré que olvidar.

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