Ocaso, allá donde muere el día
y la noche nace, o quizás despierte,
olas, brisa, inmensidad.
Cuantas huellas en la arena,
tan ligeras como el vuelo del albatros.
Tantas huellas en la arena,
tan efímeras como las penas de amor.
Bordes vivos, tejidos de blanca espuma
se pierden en la oscuridad de la noche,
y el espejo viscoso de arena,
convertida en oro, plata, bronce y sangre, ha dejado de brillar.
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