jueves, 11 de noviembre de 2010

CRONICA DE UNA TORMENTA Y UN AMANECER SOBRE EL MAR

De las noches de hospital...


Llueve copiosamente en la costa,
destellos avivan el romper de las olas
mas se ahogan los truenos en el murmullo del mar
embravecido o en calma, siempre intimidante.

Me desvanesco ante cada destello
pero las olas me traen de vuelva
a la playa de mi infancia
donde la arena me acurruca.

Veo barcos a lo lejos, mar adentro
algunos sus redes lanzan, cebadas con esperanza
otros se encaminan al puerto a entregar sus preciosas cargas,
se que están ahí en medio de la penumbra.

El mar, cansado de insinuaciones de tempestad
ruge cual león orgulloso, y todos le escuchan
relámpagos, truenos, cobarde tormenta huye
y dejan atrás un rastro de lagrimas ligeras las nubes.

Oh mar imponente!, que subyga a la brisa,
que espanta a la tormenta y oculta la pesca.
Mar imponente que nos alimenta y nos devora
bajo el manto liquido que nos dibuja insignficantes.

Se abre el telón de la mañana, un nuevo día emerge,
entre brumas aparece el sol en el horizonte.
Y el mar, altivo y orgulloso como es, calla,
como niño en presencia del padre.

Sin certeza de lo que ha sucedido,
si es que se ha calmado
o simplemente no se atreve a protestar,
yo observo desde mi ventana.

La mañana se alza majestuosa en medio de la inmensidad
el escenario azul electrico, que torna a gris y dorado
alfombrado con blanca espuma, sazonado con bruma salada.
Danzan las fuerzas de Natura, el observador queda anonadado.




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