domingo, 19 de septiembre de 2010

Huésped



Espío un cielo extraño,
desde una ventaba desconocida
y los sonidos nocturnos
que ayer me eran tan familiares
hoy me resultan irreconocibles.

De pronto el letargo, el sueño me invade
pasaporte universal a Oníria,
fantasías y desvaríos del subconsciente
pero la paranoia le aleja, las paredes escuchan.

Y recuerdo que he sido invitado,
que soy bienvenido.
Mi cabeza sobre la almohada,
cuyo olor no reconozco,
dormito intranquilo.

Pasan los minutos, las horas, los milenios
y el mundo se desvanece,
las paredes ensordecen y guiña el cielo
con incontables y brillantes ojos.

Me sumerjo en los profundos abismos del sueño
dejo de escuchar mis propios pensamientos
la noche me espía extrañada
a través de la ventana que tan bien conoce
y los sonidos que desconozco me arrullan.

La mañana ha llegado, y el Sol, atrevido
asoma por la ventana y me abofetea con descaro
despierto en medio de una familiaridad inesperada
y agradezco el gesto hospitalario de mi anfitrión.

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